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La transición energética

La transición energética

¿Qué entendemos por transición energética? ¿Por qué es tan importante para luchar contra el cambio climático? ¿Y qué es lo que ayuda a acelerarla? ¿Y cuál es el rol de la electrificación en este proceso? Todo lo que hay que saber sobre el reto más importante de este siglo

¿Qué es?

La transición energética

La Tierra se está calentando.

En 2023, según la Organización Meteorológica Mundial de las Naciones Unidas, la temperatura media anual global se acercará a 1,5 grados centígrados por encima de los niveles preindustriales (más exactamente, 1,45 ± 0,12 °C).

Se trata de una cifra dramática, porque el Acuerdo de París de 2015 sobre el cambio climático pretende limitar el aumento de la temperatura a largo plazo (es decir, sobre el promedio de décadas y no de un solo año como 2023) a no más de 1,5 grados centígrados.

El calentamiento global, además de provocar la fusión de los glaciares y la subida del nivel del mar, provoca otros cambios climáticos como la desertificación y el aumento de fenómenos extremos como por ejemplo huracanes, inundaciones e incendios: la alteración del clima podría causar daños incalculables.

Los científicos coinciden en achacar la responsabilidad de este cambio a las emisiones antrópicas de gases de efecto invernadero en la atmósfera, en particular, a partir de la Revolución Industrial. El principal de estos gases, el dióxido de carbono, procede en gran parte del sector energético, (que también incluye a la generación de electricidad, pero no solamente a esta).

En diciembre de 2023, la COP28 celebrada en Dubai se cerró con un acuerdo explícito para poner fin al uso de combustibles fósiles, pero no fijó objetivos precisos para eliminar progresivamente las fuentes de energía no renovables, al tiempo que admitió que los países del mundo aún no están en vías de cumplir el objetivo de limitar el aumento de la temperatura global a menos de 1,5 °C.

La COP28 instó a las partes a tomar medidas para triplicar la capacidad mundial de energía renovable y duplicar los avances en eficiencia energética para 2030. Y a presentar objetivos ambiciosos de reducción de emisiones, que abarquen todos los GEI, sectores económicos y categorías y estén en consonancia con el límite de 1,5 °C en la próxima ronda de planes nacionales de acción por el clima para 2025.

El objetivo sigue siendo, para 2050, lograr la llamada Neutralidad de Carbono, es decir, reducir y evitar las emisiones de efecto invernadero compensando las restantes mediante el uso de los llamados créditos de carbono.

Para alcanzar este objetivo, ratificado por la COP26 en Glasgow, la herramienta principal es la transición energética, o sea, cambiar de un sistema energético radicado en los combustibles fósiles a uno de bajas emisiones o sin emisiones de carbono, basado en las fuentes renovables. Una gran contribución a la descarbonización proviene de la electrificación de los consumos, reemplazando la electricidad producida a partir de fuentes fósiles por la generada por fuentes renovables, que hace más limpios otros sectores, como el transporte, como así también de la digitalización de las redes, que mejora la eficiencia energética.

El proceso de transición energética no es algo nuevo en la historia. En el pasado ya asistimos a otros grandes cambios históricos, como el de la madera al carbón en el siglo XIX o del carbón al petróleo en el siglo XX. Lo que caracteriza esta transición respecto a la anterior es la necesidad de proteger el planeta de la peor amenaza que hemos tenido que afrontar hasta la fecha, y que tenemos que hacerlo lo más rápidamente posible.

Este impulso ha acelerado los cambios en el sector energético: entre 2010 y 2022, según datos de IRENA, los costes de las tecnologías renovables disminuyeron un 83 % en el caso de la solar fotovoltaica y un 42 % en el de la eólica terrestre.

Sin embargo, la transición energética no se limita al cierre progresivo de las centrales de carbón y al desarrollo de energías limpias, sino que es un cambio de paradigma de todo el sistema.

Con todo eso se benefician no solamente el clima, sino también la economía y la sociedad.

La digitalización de las redes habilita las redes inteligentes y abre camino a nuevos servicios para los consumidores. Desde el punto de vista ambiental, las fuentes renovables y la movilidad eléctrica reducen la contaminación, mientras que las centrales de carbón pueden ser reconvertidas a una perspectiva de economía circular. Además, por lo que se refiere a la sostenibilidad social, los nuevos empleos podrán absorber las labores de aquellas personas que hasta la fecha han estado trabajando en el sector termoeléctrico. Es importante que la transición energética sea inclusiva y que nadie se quede atrás.

Cambio climático

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¿Por qué el cambio climático nos preocupa tanto? ¿Qué es lo que lo ha causado y qué riesgos corremos? Las causas del efecto invernadero que determinan las actividades del hombre y los compromisos asumidos para invertir la tendencia.

  • 1,45°

    1,45° El aumento de la temperatura en 2030 en comparación con los niveles preindustriales

  • 1,5°

    1,5° El aumento de la temperatura en 2030 sin ninguna intervención

  • 97%

    97% El porcentaje de científicos que atribuyen el calentamiento global a las actividades humanas

Acciones a favor de la transición energética

Un verdadero cambio de paradigma. Por un lado, el reemplazo de las fuentes fósiles por renovables. Por el otro, el desarrollo de nuevas tecnologías como el almacenamiento y el hidrógeno, la electrificación de algunos sectores y la digitalización.

El desarrollo de energías renovables representa el corazón de la transición energética. En los últimos años la energía fotovoltaica y la eólica se han sumado a otras tecnologías ya maduras, como la hidroeléctrica y la geotérmica, y hoy son las grandes protagonistas de la transición en curso. Un verdadero cambio de paradigma centrado en la descarbonización, es decir, el abandono paulatino de las fuentes fósiles y, consecuentemente, en el cierre de las centrales de carbón. El desarrollo de nuevos sectores, como la energía marina y el hidrógeno verde, podrían contribuir en el corto plazo a la transición, mientras que serán decisivas las tecnologías de storage, es decir, sistemas de almacenamiento de energía capaces de compensar las intermitencias de fuentes como la solar y la eólica. El proceso de electrificación de los consumos y de algunos sectores y la digitalización de los procesos industriales y de las redes, también contribuyen a mejorar la eficiencia energética y a completar el proceso de transición energética. 

01
Las energías renovables

Las energías renovables para la transición energética

Las fuentes renovables, en rápido crecimiento, constituyen el eje de la transición energética: gracias a la innovación continua se van haciendo cada vez más eficientes y competitivas. Y en el horizonte se perfilan nuevas tecnologías.

02
Electrificación

¡Electrifiquemos el mundo!

Estamos en la década de la electrificación. La electricidad a partir de fuentes renovables es el principal vector energético de la transición energética hacia la descarbonización.

03
Descarbonización

La descarbonización, cómo pasar de las fuentes fósiles a las renovables

Si la meta de la transición energética es pasar a fuentes renovables, el abandono del carbón a corto plazo debe garantizar estabilidad y resiliencia de las redes. El gas natural cumple un rol clave.

04
Digitalización

De las centrales a las redes: la digitalización de la energía

La transformación digital favorece la transición de todo el sector de la energía, de la gestión de las plantas de generación eléctrica a los nuevos servicios para los consumidores, pasando por las redes inteligentes.

Economía y sociedad

La transición energética para la economía y la sociedad

Los beneficios no son solo para el medioambiente. El desarrollo de las renovables y la reconversión de las antiguas centrales, ayudan a la economía y crean nuevos puestos de trabajo. Lo importante es que nadie se quede atrás.

La transición energética se ha vuelto necesaria para salvar a nuestro planeta de los efectos producidos por el cambio climático. Pero es erróneo pensar que los beneficios que produce son solo de índole medioambiental. Es cierto que las fuentes renovables y la electrificación reducen la contaminación y mejoran la calidad del aire (pensemos solo en la movilidad eléctrica), pero el cambio de paradigma producido por la transición energética también representa una gran oportunidad para el bienestar económico, el crecimiento del empleo y el desarrollo social de las comunidades involucradas. Por ejemplo, el nacimiento de nuevas figuras profesionales, los llamados green jobs, está vinculado a la evolución de las tecnologías renovables, mientras que el desmantelamiento de las viejas centrales de carbón puede ir acompañado de la recalificación de técnicos y la recapacitación del personal operativo en otros sectores. La lucha contra la pobreza energética de muchas zonas del planeta y las inversiones para garantizar el acceso a la energía limpia a todos, también representan una importante oportunidad de desarrollo para las comunidades locales. Lo importante es que la transición energética sea inclusiva y no deje a nadie atrás. En definitiva, una transición que sea justa. 

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