Los países en desarrollo, nuevos líderes en energías renovables

Publicado miércoles, 16 de enero 2018

De Andrea Bertaglio

Las empresas Top Green de 2017

Pero, ¿cuáles son los países en los que se ha producido el mayor aumento de las energías renovables en el mix energético? Según Climatescope, que realiza sus encuestas con puntuaciones específicas, en 2017 la matrícula de honor fue para Chile.

«El país andino ha obtenido muy buenos resultados en las tres áreas temáticas principales estudiadas por Climatescope —escriben los investigadores del BNEFpor las sólidas políticas gubernamentales, la experiencia demostrada en inversiones en energías renovables y el compromiso de descarbonización, a pesar de las limitaciones de la red».

India, Jordania, Brasil y Ruanda ocupan los siguientes puestos del ranking. Y, ¿qué pasa con China? El año pasado quedó en primer lugar de la clasificación, pero este año solo ha conseguido un séptimo puesto.

El número de nuevos proyectos financiados en los países recientemente industrializados ha desempeñado un papel clave en este cambio de situación.

Y es que, a finales de 2017, 54 países en desarrollo invirtieron en la construcción de al menos un parque eólico, mientras que 76 países financiaron proyectos de parques solares de 1,5 MW o más: 20 y 3 veces más que hace una década, respectivamente.

Los bancos, las agencias de crédito a la exportación y, sobre todo, las empresas de servicios públicos han invertido en estos nuevos proyectos, señalan los autores del estudio: «Los actores europeos, en concreto, han sido agresivos en la financiación de proyectos, especialmente en América Latina», explica Ethan Zindler, uno de los creadores de Climatescope que ahora dirige el BNEF en las Américas. «Si nos fijamos únicamente en el ejemplo de Enel, explica el informe, ha invertido en proyectos en América del Sur unos 7.200 millones de dólares».
 

Una revolución tecnológica

De hecho, muchas de las tecnologías detrás de estas nuevas centrales provienen de Europa.

«El negocio de las energías renovables es, en gran medida, un negocio europeo» —explicó el director ejecutivo de Enel Green Power, Antonio Cammisecra, durante el evento #Renewables4All, celebrado el pasado mes de diciembre en Roma con motivo del décimo aniversario de la empresa. «Aparte de los módulos fotovoltaicos, todo lo demás (seguidores, inversores solares, aerogeneradores, transformadores, etc.) se produce en Europa, sobre todo en el ámbito de la energía eólica. Y lo que es más importante: el conjunto de la innovación se impulsa en Europa, junto con Estados Unidos y Australia».

Según el BNEF, el adelantamiento de las energías renovables respecto a los combustibles fósiles en los países de reciente industrialización ha sido posible gracias a que, además de los importantes recursos naturales de algunas de las regiones evaluadas, las fuentes de energía como la eólica y la fotovoltaica ya son más competitivas en cuanto a los costes, incluso sin la ayuda de subvenciones.

Un círculo virtuoso estrechamente ligado a la caída contemporánea del carbón, que, sin salir de los 100 países evaluados, ha sido testigo de la nueva capacidad de generación más baja desde por lo menos 2006: 48 GW, lo que supone una disminución del 38 %. Es menos de la mitad que en 2015, cuando se alcanzó el pico de 97 GW.

No obstante, hay que estar atentos, porque esta disminución del carbón no supone su inminente desaparición, ni mucho menos la intención de los gobernantes de estos países de deshacerse de esta fuente de energía a corto plazo, que, aunque tiene un gran impacto en el clima y en el medio ambiente y es cada vez más cara respecto a sus competidores renovables, sigue contribuyendo en gran medida a hacer posible que decenas de millones de personas tengan acceso a la energía.
 

No todas las decisiones tienen el mismo peso

El declive del carbón es, por lo tanto, importante, pero su desaparición definitiva del sistema energético parece aún muy lejana.

Si bien es cierto que, por un lado, la nueva capacidad instalada de carbón ha caído al nivel más bajo de la última década, por otro lado, la generación de electricidad en centrales alimentadas con este combustible «ha aumentado en un 4 % anual, hasta alcanzar los 6,4 TWh», señala el Climatescope 2018.

Además, a pesar de la clara prueba de que la energía renovable puede ser más barata que las nuevas centrales de carbón, según los datos de Coalswarm, en la actualidad se están construyendo varias de ellas en los países en desarrollo con un total de 193 GW: «Alrededor del 86 % de esta capacidad se conectará en China, India, Indonesia y Sudáfrica».

China e India, en concreto, siguen dependiendo en gran medida del carbón y el lignito, hasta el punto de que hasta la fecha obtienen respectivamente dos tercios y tres cuartas partes de su electricidad de estas fuentes fósiles.

Y ya se sabe, cuando se trata de los dos gigantes asiáticos, las cifras son considerables: «Entre ambos países añadieron 432 GW de capacidad proveniente del carbón únicamente en el período 2010-2017 (en comparación, Estados Unidos tiene un total de 260 GW de carbón en la red en la actualidad)», señalan los investigadores del BNEF. «Ante una presión significativa para ampliar el acceso a la energía (India) y mantener los precios de la energía asequibles (China), los responsables políticos se mostrarán reacios a desmantelar estas nuevas centrales. Por lo menos un 81 % de toda la capacidad proveniente del carbón de los mercados emergentes se encuentra en estos dos países».

Por todo ello, el reto a largo plazo para la energía renovable y para mantener las emisiones globales de CO2 en ciertos márgenes sigue bien presente. El camino emprendido parece ser el correcto, pero aún queda mucho por recorrer para lograr un sistema energético mundial de emisiones cero. Por eso, el pleno desarrollo de las energías renovables no ha hecho más que empezar.