Guatemala: innovación a la sombra de los volcanes

Publicado martes, 14 noviembre 2017

“El Canadá y Montecristo están ubicadas en las inmediaciones de la aldea Santa María de Jesús, Zunil, Quetzaltenango, muy cerca del complejo volcánico de Santa María – Santiaguito.”

Desde que El Canadá inició su operación, en 2003, se observó cómo los sedimentos se acumulaban en el embalse. Para entender cómo este fenómeno podría afectar a la operación, se realizaron diferentes análisis del agua del Río Samalá, fuente de origen del recurso hídrico.

Los análisis evidenciaron la presencia de diferentes materiales de origen volcánico extremadamente duros como arenas y limos. Estos sedimentos incidían directamente en el desgaste del equipo instalado, y, por tanto, suponían un reto diario para el equipo de Operation and Maintenance (O&M) de las plantas.

Para problemas únicos, soluciones únicas

Después de muchas reuniones, el equipo liderado por Florencio Gramajo decidió desarrollar un plan de acción con tres prioridades: asegurar la duración del equipo, reducir los riesgos operativos y desarrollar medidas preventivas de mantenimiento. 

“El equipo de O&M tenía un gran reto por delante. Las condiciones de trabajo en las hidroeléctricas eran muy especiales, quizá únicas en el mundo, por lo que no se podían aplicar las soluciones de siempre.”

Primero, para reducir los niveles de sedimentación en el embalse, se introdujeron dos dragas flotantes para extraer de forma constante los materiales depositados en el fondo.

Segundo, se colocaron filtros en el desarenador, la estructura que evita que los materiales sólidos entren a la central. También se colocaron rejillas y extractores de basura, minimizando así el material flotante.

Por último, para contrarrestar y prevenir el desgaste excesivo provocado por estos materiales se acordó recubrir con tungsteno un elemento fundamental de las turbinas: las agujas de los inyectores. 

Pequeñas innovaciones, grandes resultados

Los resultados fueron prácticamente inmediatos. Algunas piezas de la planta, que en casos específicos tenían que cambiarse dos veces cada 12 meses, pasaron a resistir cuatro años. Con filtros y medidores se logró evitar situaciones críticas en la operación.

El equipo de O&M de Guatemala demostró que la innovación no consiste únicamente en ideas revolucionarias que provoquen disrupciones. Las mejoras constantes a pequeños niveles también son innovaciones que muchas veces pasan desapercibidas. Todos podemos aportar ideas de pequeñas mejoras que logren grandes resultados.