La sustentabilidad en el reino del tapir y del jaguar

Publicado martes, 2 enero 2018

“Entre las especies que habitan las 19,000 hectáreas que conforman la Reserva Forestal Fortuna, destaca el tapir centroamericano de Baird, cuya presencia se extiende desde México hasta la costa de Ecuador, también es conocido por los locales como “macho de monte” y es muy representativo de la zona. ”

Los tapires son herbívoros y su hocico alargado le permite arrancar hojas, hierbas y raíces. En la reserva también habita el depredador natural del tapir, el jaguar, lo cual ayuda a preservar el balance de los ecosistemas al controlar la población de herbívoros.

Una convivencia armónica

En este paraje, el reino del tapir y del jaguar que parece sacado de una crónica de indias, se ubica Fortuna, la central hidroeléctrica más grande de Panamá con 300 MW y que es operada por Enel Green Power.

Conscientes de la necesidad de desarrollar programas de sostenibilidad que contribuyeran al beneficio de todas las comunidades que conviven con este legado natural, Enel Green Power Panamá ha desarrollado un exitoso programa de cultivos caseros.

“Desde 2005, EGP ha contribuido al sustento y seguridad alimentaria de unas 65 familias sin afectar al hábitat natural.”

Como parte de este programa, los participantes reciben semillas, capacitación técnica y seguimiento al proceso de cultivo de sus huertos, así como asistencia para la venta de sus productos en el mercado: frijol de palo, maíz, porotos, pepinos, zanahorias, ají y tomate. Esta iniciativa les permite generar beneficios económicos mediante de cultivos de bajo impacto.

El equilibrio a largo plazo

El programa capacita cinco familias por año. En las ediciones de 2015 y 2016 se trabajó con nueve fincas familiares en las comunidades de Entre Ríos, Valle La Mina, Chimenea y Lavadero, vecinas a la Central Hidroeléctrica Fortuna. 

“En 2017 se ha expandido a Madre Vieja y San Juan, comunidades vecinas a otras plantas de Enel Green Power, las fotovoltáicas Sol Real y Sol de David, también en la provincia de Chiriquí.”

Los cultivos familiares son un excelente ejemplo de proyecto sostenible, pues logran un equilibrio entre el aprovechamiento de los recursos de la zona a la vez que el sistema como conjunto se mantiene diverso y productivo a lo largo del tiempo.

Adicional a la seguridad alimentaria y capacidades obtenidas durante el proceso, las familias participantes han logrado un promedio de ingresos de 218 dólares anuales gracias a estos cultivos.