Diez años de energías renovables y no hemos hecho más que empezar

Publicado jueves, 15 de noviembre 2018

De: Andrea Bertaglio

“Basta pensar que, solo en 2016, el aumento de la capacidad instalada de la energía solar fotovoltaica ha sido mayor que el de cualquier otra fuente. Desde 2010, los costes de las nuevas instalaciones se han reducido en un 70 % para la energía solar fotovoltaica y en un 25 % para la energía eólica.”

Si ampliamos nuestra perspectiva, también debemos tener en cuenta la reducción del coste de las baterías, que se ha reducido en un 40 %. Sí, porque los sistemas de almacenamiento de energía desempeñan un papel fundamental, ya que permiten almacenar la energía disponible de fuentes renovables para utilizarla cuando más se necesita, superando así la naturaleza intrínsecamente intermitente del sol y del viento; nos referimos también a los vehículos eléctricos, que hoy en día gracias a tecnologías como el V2G pueden utilizarse como verdaderas «baterías con ruedas».

Según la IEA, la demanda mundial de energía crecerá un 30 % de aquí a 2040. Es mucho, si consideramos ya las cifras actuales, pero la mitad de lo que sería sin un aspecto fundamental en el marco general: una mayor eficiencia energética. El 40 % de este aumento del consumo de energía será de tipo eléctrico, que en los próximos 25 años se podrá satisfacer precisamente «sobre todo con energía renovable, porque la rápida disminución de los costes convierte a la energía solar en la fuente más barata de nueva generación de electricidad».

No había duda sobre el hecho de que las energías renovables se iban a establecer en el mercado, pero nadie pensó al principio que su desarrollo sería tan perturbador. Las energías renovables, en pocos años, han conseguido deshacerse del corsé de «alternativas» para convertirse en pioneras del desarrollo sostenible, destinadas a dominar el mercado energético del futuro.

Según el New Energy Outlook (NEO) 2018 de Bloomberg New Energy Finance (NEF), los costes de la energía limpia están pasando a ser más competitivos que los de los combustibles fósiles. La energía solar y la eólica, sobre todo, ya desempeñan un papel muy importante en la actualidad y pronto podrán satisfacer por sí solas casi la mitad de las necesidades energéticas del mundo, según el BNEF. 

“De aquí a 2050, las tecnologías eólica y solar proporcionarán el 48 % de la electricidad total. Por su parte, la energía hidroeléctrica, la nuclear y otras renovables proporcionarán un 23 % adicional de electricidad sin emisiones.”

– Seb Henbest, uno de los autores de NEO 2018

Aunque la energía nuclear no es una fuente de energía renovable, supone una proporción significativa de la electricidad mundial que se produce con cero emisiones.

Estas proyecciones confirman el desarrollo de la energía sostenible en los últimos años. La energía fotovoltaica y la eólica han registrado unos índices de crecimiento increíbles, que han superado todas las expectativas. Desde el año 2000, si consideramos su capacidad instalada, han crecido 65 veces (4 veces de 2010 a 2018): en junio de este año alcanzaron los 1.013 gigavatios de capacidad instalada, con 542 GW de energía eólica y 471 de energía fotovoltaica. 

“Esta última cifra es aún más impresionante si tenemos en cuenta que en 2007 la energía fotovoltaica contaba con una potencia conectada mundial de solo 8 gigavatios; se trata de un aumento de casi 59 veces. Un crecimiento del sistema fotovoltaico destinado a superar pronto incluso a la energía eólica, que solo en el último año ha dado un salto de un 50%.”

Además, el verano pasado las energías renovables ya tocaron (y superaron) el techo simbólico del primer teravatio instalado (para que nos hagamos a la idea, son mil gigavatios, o, si se prefiere, un millón de megavatios). Una potencia, de nuevo según los analistas de Bloomberg, destinada a duplicarse en los próximos cinco años, pero a mitad de precio. Tal y como revela el NEO 2018, si el primer teravatio renovable instalado hasta la fecha ha costado 2.300 millones de dólares, el segundo, que se espera alcanzar en 2023, costará alrededor de 1.200 millones de dólares. Esta disminución de costes, que desde 2009 ha sido del 38 % para la energía eólica terrestre y del 77 % para la fotovoltaica, más allá del efecto positivo para el clima y el medio ambiente, hace que sea menos conveniente producir energía a partir de combustibles fósiles. ¿Qué hay de las inversiones en nuevas instalaciones? En el período 2018-2050, se habla de hasta 8 billones de dólares.

“Al igual que para la IEA, también para el BNEF los menores costes de las baterías y, por lo tanto, de los grandes sistemas de almacenamiento de energía, tendrán un impacto en el escenario energético en los próximos años. Estos sistemas, cada vez más importantes en un contexto de redes eléctricas inteligentes y digitalizadas, contribuyen a superar el límite natural de las energías renovables: la intermitencia y la no programabilidad.”

También en este caso, el NEO 2018 prevé grandes inversiones, con 540.000 millones de dólares entre 2018 y mediados de este siglo. Además del impacto en el desarrollo de las redes inteligentes, hay que tener en cuenta que la reducción de los costes de las baterías también implica un mayor uso de los vehículos eléctricos y, por lo tanto, una mayor electrificación. De hecho, si bien los coches y las motos eléctricas actuales (y pronto los camiones) representan un porcentaje todavía reducido de los vehículos que circulan por las carreteras en todo el mundo, en 2050 se alcanzará tal magnitud que añadirán unos 3.461 TWh de nueva demanda de electricidad, es decir el 9% del total. Las energías renovables también entran en juego, con tarifas programadas y precios dinámicos que apoyan su integración. De hecho, ya en la actualidad, los propietarios de vehículos eléctricos pueden optar por recargar sus vehículos en momentos de alta oferta y bajo coste, ayudando a evitar picos y ahorrando al mismo tiempo.

El gran perdedor en este juego, según el BNEF, es sin duda el carbón, que, aunque ya ha alcanzado su punto álgido en Europa y Norteamérica, está viviendo una expansión en China e India que durará hasta 2027. A partir de esa fecha, se espera una caída libre que le permita satisfacer el 11 % de la demanda mundial de electricidad (hoy se sitúa en el 38%).

Un «largo adiós», como lo llama el BNEF, que abrirá definitivamente la puerta al dominio total e indiscutible en el sector energético de las energías limpias y renovables.