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La energía que impulsa la transición energética

5 min.

La energía que impulsa la transición energética

Los sistemas de almacenamiento de energía suponen un impulso para las centrales renovables, ya que permiten un suministro continuo de energía sostenible y garantizan la estabilidad de la red.

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La transición energética necesita forjar alianzas por el camino. El proceso de descarbonización requiere un impulso para las energías renovables, así como para las soluciones de almacenamiento de energía, que deben responder exactamente a esta necesidad, permitiendo que las centrales renovables, intermitentes y no programables, desempeñen su papel de la mejor manera posible, adaptando la emisión de energía a la red a las necesidades reales del sistema eléctrico.

Gracias a los sistemas de almacenamiento, la energía producida se puede almacenar en momentos de bajo consumo y luego verter a la red en fases de alta demanda. Además, los propios sistemas de almacenamiento pueden respaldar la estabilidad de la red gracias a su extrema velocidad para responder a las fluctuaciones de frecuencia. De este modo, el sistema eléctrico en su conjunto es más flexible, inteligente y sostenible.

 

La investigación en sistemas de almacenamiento, una recompensa para todos

El Premio Nobel de Química otorgado este año a los creadores de las baterías de iones de litio John B. Goodenough, M. Stanley Whittingham y Akira Yoshino demuestra la enorme repercusión de este invento en nuestras vidas. Sus aplicaciones abarcan todos los campos de la tecnología, desde los teléfonos móviles a los ordenadores portátiles y los vehículos eléctricos y han sentado las bases de una sociedad con cada vez menos cables y combustibles fósiles y, por consiguiente, con un impacto positivo en el medio ambiente.

El compromiso con la investigación ha permitido que los sistemas de acumulación hayan experimentado toda una revolución en solo una década. En Enel, los primeros ensayos comenzaron en 2010 en el área de Livorno, zona en la que trabaja el Centro de Investigación de Pisa, y continúan hasta el día de hoy.

Con la expansión de las centrales de energía renovable, los sistemas que han comenzado a extenderse de manera exponencial son aquellos basados en las baterías de litio, una familia de tecnologías cuyo desarrollo se ha visto impulsado por la movilidad eléctrica. La amplia disponibilidad en el mercado las convierte en una solución asequible, en la que, sin embargo, entran en juego los aspectos problemáticos relacionados con los materiales necesarios (en primer lugar, el cobalto) y los aspectos de seguridad, que deben gestionarse de la mejor manera posible, así como la necesidad de desarrollar procesos de reutilización y reciclaje que limiten el impacto medioambiental.

Las baterías de flujo son una solución emergente. Están fabricadas con materias primas menos problemáticas desde el punto de vista de la disponibilidad y la sostenibilidad y también son interesantes por la ausencia casi total de degradación debida al uso.

Gracias a su particular tecnología, la energía almacenada y la potencia suministrada no están intrínsecamente relacionadas, una característica que las hace especialmente adecuadas para los sistemas de almacenamiento de energías renovables.

Además de los sistemas de baterías, existen otras soluciones de almacenamiento de energía que estamos estudiando minuciosamente, incluido el almacenamiento de aire líquido (Liquid Air Energy Storage, LAES) y el almacenamiento gravitacional (con grúas que suben y bajan pesas dependiendo de si es necesario acumular o verter energía).

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Sostenibilidad y economía circular, ingredientes clave de esta receta

Por todo ello, el almacenamiento está experimentando un período de transición. Su uso debe gestionarse de forma gradual y específica en función de cada caso concreto, con el fin de garantizar la seguridad, la rentabilidad y la sostenibilidad del sistema.

La cuestión de la gestión del final de la vida útil será fundamental, y para ello es necesario diseñar procesos eficaces de reciclaje y aprovechamiento, realizados con la máxima transparencia. Por este motivo, ya estamos definiendo indicadores específicos de sostenibilidad en la elección de los sistemas de almacenamiento que se utilizarán en nuestras centrales, con el fin de animar a todo el sector a adoptar un enfoque «design-to-recycle» en sus productos.

También estamos estudiando la posibilidad de aprovechar las baterías utilizadas originalmente en vehículos eléctricos para su integración en centrales renovables y para prestar servicios a la red eléctrica, creando así un proceso de economía circular.

De esta línea de desarrollo nace el proyecto Melilla Second Life, seleccionado como «member initiative» por el Foro Económico Mundial (WEF), que consiste en la instalación de un sistema de almacenamiento estacionario basado en un segundo aprovechamiento de baterías de vehículos provenientes de los Nissan Leaf, con el objetivo de respaldar la estabilidad de la red.

Asimismo, podemos prever soluciones de ingeniería ecológica para el almacenamiento del futuro, que estamos explorando con un compromiso en primera persona, colaborando con excelentes proveedores.

Las próximas instalaciones innovadoras que probaremos en nuestras centrales serán un almacenamiento térmico desarrollado por Brenmiller, una start up israelí que ha desarrollado una solución que permite acumular energía a altas temperaturas gracias a rocas aplastadas, capaces de almacenar energía en forma de calor, y dos centrales de almacenamiento de larga duración, una basada en baterías de flujo y otra en baterías de litio en estado sólido, integradas en centrales fotovoltaicas que se instalarán próximamente en Mallorca (Baleares).

En los tres casos, nuestro equipo de innovación está colaborando con los proveedores para que sus soluciones respondan de la mejor manera posible a las necesidades de la transición energética y con el objetivo de preparar el uso de estas nuevas tecnologías para aumentar la competitividad de Enel en los próximos años.

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