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El desafío decisivo de nuestra época

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El desafío decisivo de nuestra época

El uso cada vez mayor de energías renovables desempeña un papel crucial en la lucha contra el cambio climático. Sin embargo, los esfuerzos actuales no son suficientes para mantener el calentamiento global por debajo de los 2 °C.

Di Antonio Cammisecra, CEO di Enel Green Power
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El cambio climático es el desafío decisivo de nuestra época. Los niveles atmosféricos de dióxido de carbono son los más altos de los últimos 800.000 años y están aumentando. Las emisiones acumuladas de dióxido de carbono (CO2) y el aumento medio de la temperatura de la superficie de la Tierra tienen una relación casi lineal. La consecuencia es un calentamiento global sin precedentes: los últimos tres años han sido los más cálidos de la historia.

El cambio climático ya ha tenido un impacto significativo en nuestro planeta: tormentas violentas, sequías, incendios, inundaciones, derretimiento de los glaciares y aumento del nivel del mar.

La solución al problema del cambio climático es claramente la descarbonización: la transición energética hacia un uso intensivo de fuentes de energía renovables está evidentemente en marcha, pero es necesario seguir avanzando para crear efectos positivos sobre el cambio climático y, al mismo tiempo, garantizar la cobertura de la creciente demanda de energía.

Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), para ser eficaz en la contención de los efectos sobre el clima, la transición energética debe conducir a una reducción de alrededor del 45 % de los volúmenes actuales de emisiones de CO2 para 2040. Las energías renovables representan actualmente alrededor del 25 % de la oferta mundial de electricidad, con la perspectiva de duplicar su contribución de aquí a 2040. Así pues, las fuentes de energía renovables están asumiendo un papel dominante en el mix energético. Una integración eficaz de estos elementos es esencial para una transición sin problemas en el sector energético

En términos de capacidad, las fuentes renovables representan más de la mitad de la capacidad instalada en los últimos cinco años a nivel mundial.

Esta aceleración de las inversiones se basa en una reducción sustancial de los costes de la tecnología: en la actualidad, en muchas partes del mundo, ya es más barato construir una nueva central renovable que seguir utilizando una central existente de combustibles fósiles. Otro estímulo para el desarrollo del sector es la creciente demanda de los operadores industriales de medio y gran tamaño: la compra de energía renovable es el resultado de una decisión económica y, a la vez, de sostenibilidad y respeto de los valores sociales y medioambientales. Las tendencias son, por lo tanto, alentadoras, pero para conseguir los objetivos fijados es necesario seguir acelerando y seguir invirtiendo en innovación para que la producción renovable no solo sea la mejor respuesta a una demanda creciente de energía, sino también una producción fiable que sustituya a las tecnologías con altas emisiones.

El plan de acción sobre el suministro de electricidad debe complementarse adecuadamente con la identificación de planes de acción adecuados para otros sectores de uso final de la energía, como los edificios, la industria y el transporte.

En primer lugar, el aumento del uso de la electricidad para consumos que hoy en día no son típicamente eléctricos (por ejemplo, la calefacción en edificios o la movilidad), permitiría un uso más eficiente de los recursos. La llamada electrificación del consumo conduce en sí misma al ahorro de energía.

Más en concreto, la electrificación del transporte y de los sistemas de climatización permitirá una mayor penetración de las energías renovables, aprovechando también la coherencia entre el perfil de producción y la demanda, como ocurre, por ejemplo, entre el perfil de producción solar y la curva de demanda generada por el uso del aire acondicionado.

A la luz de todo lo anterior, es evidente la necesidad de un compromiso compartido y concreto por parte de la sociedad en su conjunto, del sector público al privado, que implique la adopción de un comportamiento sostenible y un compromiso concreto y generalizado, desde las grandes organizaciones a cada uno de los individuos. No hay tiempo ni razón para retrasarlo. Ya no podemos creer que la contaminación y las emisiones son el coste inevitable del progreso, porque no es cierto, no podemos permitírnoslo y, sobre todo, esto nos impide aprovechar las oportunidades de mejora y desarrollo que nos impone el reto del cambio climático.

Actuar rápido es necesario y posible y es un deber moral para con las generaciones futuras. 

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